------- MENU HORIZONTAL ------
Durante la visionaria revolución kirchnerista, se anunció en 2013 “la madre de todas las batallas”; el partido nacional y popular contra la malvada oligarquía mediática. Ahora esta misma noble batalla es encabezada en EEUU por el bondadoso y humanista Comandante en Jefe Donald Trump.

Ya era hora de que volvamos a la vieja tradición dónde los periodistas somos tratados como merecemos: vagos y atorrantes que disfrutamos de criticar y preguntar, seres viles similares a las hienas. A fin de cuenta nuestro trabajo solo consiste en hablar, nos pagan por hablar. Solo nos preocupamos por tener argumentos sólidos, líneas discursivas, fuentes confiables, chequeos de información y una capacidad de resumen coloquial.

PH: cosaspoliticas.blogspot.com.ar
Los periodistas somos la profesión más soez del universo, solo pretendemos la destrucción de las sociedades mediante el desprestigio de la clase política y empresarial. Tenemos la arrogancia de no querer repetir textualmente las gacetillas de prensa (propaganda). Nuestra vanidad nos hace querer preguntar más y más sobre las cosas que no se deben mencionar. Nos gusta hablar de la contaminación y explotación de Monsanto, y no de su Fundación caritativa.
Pero como bien se dijo muchas veces en Argentina durante la gestión kirchnerista y durante la dictadura militar, los periodistas mienten. Y si, es verdad, "mentimos" porque nos vemos obligados a recortar la realidad, tenemos que seleccionar qué es o no es noticiable. Tenemos que recortar porque la realidad es infinita, pero el espacio en el papel no lo es; y ni hablar con la nueva moda de leer solo titulares. "Mentimos" porque decidimos que un caso de megacorrupción gubernamental y los brutales actos de represión son más importantes que el bautismo de una avenida o de una loma de burro. "Mentimos" porque nuestros titulares deben competir con el sensacionalismo, la morbosidad y la viralidad de los slogans; cosa que no tiene una investigación documental de 300 páginas. "Mentimos" por omisión porque muchas veces los implicados se niegan a responder, y lo hacen solo después como estrategia de desprestigio o con técnicas de carpetazos.

Si, existen funcionarios públicos que se dedican a difundir noticias falsas para que las tome las prensa y luego desacreditarla. Es una herramienta básica dentro de la guerra contra el emporio del mal.

Los periodistas somos una raza de mentirosos intencionales, lo llevamos en nuestros genes. No tenemos la virtud de las decenas de cuentas anónimas que se dedican a difamar a sin fuentes y argumentos. Tampoco tenemos la honradez de manejar medios de comunicación amarillistas con titulares falsos que solo promueven la sensación de inseguridad, miedo y opresión. Ni siquiera tenemos el prestigio de farandulizar la política hasta vaciarla y reducirla al entretenimiento conforme a la billetera-bota del momento.
No, no hacemos nada de lo anterior porque realmente queremos que la gente viva dentro del caos y la responsabilidad que implica el tener información. El periodismo es una profesión cruel que sociabiliza la realidad pública y obliga a tomar responsabilidad sobre ella. Tenemos la osadía de atacar esa burbuja de satisfacción personal e imponer algunos temas en la agenda cotidiana que van por fuera de los chismes del espectáculo.

http://verazinforma.com/internacional/al-menos-69-periodistas-han-muerto-en-su-labor/
PH www.verazinforma.com
Somos malvados, tal vez no deberíamos ni siquiera existir. Somos una fuerza arrolladora que lo domina todo. No importa que muchos teoricen y observen la existencia de muchas formas de poder (política-partidaria, económica, coercitiva y simbólico – J. Thompson); los comunicadores somos como He-Man: “Nosotros tenemos el poder”. Claro que somos una de las profesiones más riesgosas del mundo. El año pasado murieron 74 colegas y 147 fueron encarcelados por su trabajo según la organización RSF, además de los incontables exiliados. Solo ponemos el cuerpo en las guerras, represiones policiales, enfrenamientos narcos y bandas, investigaciones contra mafias y en otras situaciones de riesgo para que el resto lo vea desde un sillón. Somos una fuerza del mal tan poderosa que en la última década 800 compañeros perdieron la vida, pero solo el 7% encontró justicia.

www.visitalaplata.com.ar
El periodismo es la peor profesión que existe, sólo nos importa mentir y degradar a la sociedad entera. Nos gusta meternos en guerras nacionalistas y mostrar los abusos. Nos encanta jugar a los detectives para exponer los negociados entre empresarios y políticos. Nos gusta preguntar ¿Qué? ¿Cuándo? ¿Quién? ¿Dónde? ¿Cómo? ¿Para qué? y ¿Para quién?

Sin esta horrible profesión seguramente la sociedad y la política vivirían mejor. José Luis Cabezas seguiría vivo, igual que los negociados de Yabran. Adams Ledesma también estaría vivo, como el narcotráfico en las villas que denunciaba. Sin el periodismo no tendríamos que vivir con el peso de conocer los actos de represión en Rusia y China. Sin los comunicadores no se conocerían los genocidios en medio oriente ni las violaciones en masa que se dan en La India. Sin nosotros, los malvados trabajadores de la prensa, se podría escuchar los discursos de Donald Trump y Marine Le Pen sin recordar que sus palabras y métodos son similares de los empleados por peores dictadores de la historia mundial.

Realmente el mundo sería mejor sin el periodismo, estaríamos todos en esa hermosa paz de la desinformación. Podríamos dedicarnos a saber qué hacen nuestros vecinos y amigos, o mirar el reallity show de moda; mientras en las esferas de poder político, económico y coercitivo traman sus movimientos sin miedo a ojos inquisidores que los expongan públicamente. Todo sería más fácil, con menos preocupaciones y responsabilidades, todos seríamos más felices, aunque dudo mucho que el mundo fuera mejor.


Por Lic Sosa Damián Ezequiel

Fotografía de cabecera: La Mula

Cuándo el mundo esperaba que Hillary Clinton se proclame como Presidente de los Estados Unidos; el electorado sorprendió optando por Donald Trump. Una situación que llena de interrogantes el futuro de la política y la economía internacional. Si el magnate cumple sus promesas, un oscuro y tenso horizonte podría volverse realidad.

Las elecciones norteamericanas le dieron un paradigmático triunfo al líder republicano Donald Trump. Un personaje caracterizado por sus discurso ultranacionalista, xenófonobo, racista y economía interna liberal. En otras palabras, ganó la ideología del hermetismo y la división, aquella que señaló a Latinoamérica como una región de dictaduras, ladrones y violadores. 

El Presidente electo se comprometió a terminar con los tratados de libre comercio para impulsar una etapa de proteccionismo industrial. Es difícil que el Congreso y Wall Street avalen estas medida, pero en tal caso el país abandonará el baluarte de sus últimos 80 años. Aunque con el sorpresivo Brexit y la debilidad de la Comunidad Europea todo es posible. Según Trump se terminaran los pactos con China, la Unión Europea y México; aunque este último podría ser referencia a toda iberoamérica. Incluso llegó a alertar que EEUU podría salirse de la Organización Mundial de Comercio (OMC).

Desde el banco HSBC se publicó un informe rotundo sobre la llegada de Trump: “El aumento de la incertidumbre suele conducir a un crecimiento más débil por el retraso en la inversión y el gasto de los consumidores, así como un crecimiento más débil del empleo”. Según los analistas Iñigo De Barrón y Claudi Pérez del diario elpais.es tampoco se descarta un alza del dólar, un espiral inflacionario de las monedas y una guerra comercial internacional.
Las políticas proteccionistas en Estados Unidos tienen como antecédete al llamado arancel Smoot-Hawley (1930): un incremento de los impuestos aduaneros sobre de más de 20.000 tipos de productos. Si bien en sus inicios tuvo un efecto favorable para la industria nacional, terminó por generar toda clase de medidas proteccionistas en el resto del mundo. El comercio internacional cayó un 66%, se disparó el desempleo y se desplomó el consumo interno. En 1934 se dio por finalizada por el fracaso político, económico y social que generó dentro y fuera de EEUU.

La década del 30 estuvo marcada por la Gran Depresión, el ineficiente proteccionismo que potenció los nacionalismos extremistas y la tensión internacional que culminó en la peor guerra conocida por la humanidad.

Cuerpo paramilitar del partido Jobbik
Desde el crisis internacional del 2008 los modelos ultranacionalistas comenzaron a ganar terreno. En Francia el Frente Nacional se transformó en la tercera fuerza política, un sector de derecha conservadora con origen fascista anti-semita. En Hungría el partido filonazi Jobbik es parte de la alianza gobernante, dónde los ataques xenófobos fatales van en aumento. Mientras que luego del fallido intento de golpe de estado en Turquía, el populista Recep Erdoğan profundizó las persecuciones y purgas contra sectores opositores y kurdos.
Donald Trump, quien dice no creer en el cambio climático y pretende reimpulsar el uso de combustibles fósiles, llega al poder cuando el mapa mundial se encuentra convulsionado y reaccionario. Medio Oriente y África se disputan entre la guerra civil, las dictaduras, las democracias verticalistas y el terrorismo internacional. Europa del Este mira con temor el avance ruso sobre Ucrania. China construye islas artificiales para sostener la soberanía en un mar que la corte internacional les rechaza. En tanto Corea del Norte avanza en sus programas misilísticos y nucleares desafiando incluso la autoridad de sus aliados chinos. 

En este mundo tensionado, las propuestas de Trump son abandonar la OTAN, promover los discursos agresivos, abandonar los espacios relaciones internacionales y retomar las alianzas bilaterales con líderes fuertes de ideologías totalitarias. 

Por Sosa Damián